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Final de ‘Juego de tronos’: así se vigila el secreto mejor guardado de la televisión

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Guiones encriptados que desaparecían en 24 horas, escenas falsas y hasta asesinos de drones utilizaron los creadores de la serie para resguardar las últimas escenas

Cuando las mentes creativas de Juego de Tronos decidieron (atención: spoiler) que en el penúltimo episodio Daenerys arrasaría Desembarco del Rey, tropezaron con un problema logístico. “La bella ciudad croata de Dubrovnik [localización de los dominios de la Casa Lannister] no quería que la hiciéramos arder en llamas”, narra el cocreador del fenómeno televisivo David Benioff en un programa sobre el rodaje de la serie. Pero el decorado en el que reconstruyeron Desembarco del Rey para quemarlo de arriba abajo, en el estacionamiento de las oficinas que tenían en Belfast, Irlanda del Norte, les enfrentó a otro inconveniente: los intrusos.

“Teníamos un número sin precedentes de drones sobrevolando el set, y la atención de los paparazis. También seguidores de la serie que intentaban obtener como fuera un adelanto de lo que iba a pasar en el final”, cuenta Robbie Boake, gerente de localizaciones, en el programa mencionado. Para impedir que los sedientos de exclusivas lograran su cometido, levantaron un muro formado por cinco hileras de contenedores industriales. El muro para mantenerse a salvo del enemigo… la idea la tenían fresca.

Más complicado fue evitar que los drones capturasen imágenes desde el aire. La actriz Sophie Turner, quien interpreta a Sansa, reveló en la última Comic Con que utilizaron “asesinos de aviones no tripulados”. Dichos aparatos tienen la forma de un rifle, pero disparan ondas de radio. “Es realmente genial. Crea un campo a su alrededor y los drones simplemente caen. Es muy X-Men”, contó en Nueva York.

Pero nadie estaba libre de sospecha. Los propios actores se tuvieron que olvidar de los guiones en papel durante la temporada final. El elenco televisivo más famoso del mundo utilizó iPads para acceder a los textos encriptados, lo que provocó problemas a los intérpretes, según Iain Glen, quien dio vida al fiel Jorah Mormont. Glen reconoció en una entrevista a la BBC que los productores estaban “absolutamente paranoicos” con que alguien descubriera algo sobre la serie y lo estropeara.

Honrando a su personaje, que fue incapaz de guardar el gran secreto de los Siete Reinos, Turner es la integrante del reparto que más detalles sabrosos ha compartido sobre las extremas medidas de seguridad introducidas en los últimos episodios. La joven reveló que solo tenían conocimiento de sus propios diálogos en la jornada previa a la grabación de la escena, y que se les asignaron nombres en clave para que, cuando publicaran la lista de los que tenían que presentarse al día siguiente, el resto de los compañeros del rodaje no supiera de quiénes se trataba.

“Tenemos que aprenderlo todo el día anterior. Y una vez que lo leemos, desaparece en 24 horas y nunca más podemos acceder a él. Es más estricto que la seguridad de la Casa Blanca”, ironizó la actriz en una entrevista a DigitalSpy. Nikolaj Coster-Waldau, que encarnó al amado/odiado Jamie Lannister, habló de una situación como de película. “Es como Misión Imposible: ‘Este texto se autodestruirá’. Son muy, muy estrictos”, le contó a una periodista en la pasada edición del Festival de Cannes.

Lo obsesión por filtrar cualquier adelanto tiene que ver también con un cambio de paradigma que ha reintroducido Juego de Tronos: en la edad de oro de las series, cada telespectador consume los episodios a su ritmo; pero la serie que concluye este domingo ha logrado volver a sincronizar a la audiencia, esta vez de todo el mundo, cada semana, a la misma hora, ante la pantalla. Un récord de 18,4 millones de personas vivieron a la vez ‘Las Campanas’, el penúltimo episodio de la producción (el último lo emite HBO España y Movistar Series a las 3.00 de la madrugada de este lunes). No hay más que ver la lista de los trending topics globales en Twitter, monopolizados por los personajes de la ficción cada madrugada de lunes, para comprender que el plato estrella de HBO se sigue y se comenta en comunidad. Y que quien encuentra un dato revelador, encuentra un tesoro.

Los “espías”, en fin, constituyen una amenaza tan grande para la producción como los caminantes blancos lo eran para la Guardia de la Noche. “Un hombre caminó 18 horas en medio del desierto de La Mancha en España para tomar fotografías”, relató el cocreador de la serie Dan Weiss a Entertainment Weekly. “Es como proteger tu casa”, explicó Benioff al mismo medio: “Se lo pones lo más difícil posible a los ladrones, con la esperanza de que busquen alguna otra casa para robar. Pero es imposible asegurarla por completo”.

En la sexta temporada distrajeron a la audiencia llevando a los estudios a la actriz Sibel Kekilli, cuyo personaje, Shae, había muerto en la temporada anterior. La imagen se filtró y los seguidores de la serie mordieron el anzuelo. “Rodamos algunas escenas falsas”, confesó Kit Harington (Jon Nieve) en el programa de Jimmy Kimmel en 2017. “Reunimos a personas en situaciones donde sabíamos que los paparazis estaban cerca, para que tomaran fotos y las subieran a Internet”.

Para mantener cerrada la caja negra de una de las series más vistas de la historia, a los que visitaban los estudios de grabación les ponían una etiqueta adhesiva en el lente de la cámara del móvil. En el caso de los extras, solo les entregaban la secuencia en la que participaban, haciendo imposible entender la trama. Si era una escena relevante, tenían que firmar un contrato de confidencialidad en el que se les prohibía revelar cualquier información relacionada con la compañía o sus productos. Joe Jonas, el marido de Turner, acudió tantas veces a los estudios que pudo juntar las piezas de la narración, y tuvo que firmar un acuerdo de no divulgación (NDA, por sus siglas en inglés). Igual que el que firmó -y luego rompió- la exactriz porno Stormy Daniels sobre el supuesto romance que tuvo en 2006 con Donald Trump.

Aunque una cosa es controlar a los sabuesos en el estudio y otra, mantener a raya a los hackers. Después de que horas antes de su estreno mundial se filtraran los cuatro primeros episodios de la quinta temporada, HBO eliminó la vieja costumbre de enviar capítulos de adelanto a los críticos de televisión. No fue uno de ellos quien subió el material, pero la cadena de televisión engendró la desconfianza de un perro herido.

El pirateo de la séptima temporada llegó a palabras mayores. Cuatro empleados de Prime Focus Technology, la empresa con base en Bombay que almacena y procesa la serie para el sitio web Hotstar, filtraron el cuarto capítulo. Los piratas fueron acusados de abuso de confianza criminal y de delitos informáticos. Pero lo más grave provino de Irán. Behzad Mesri, hacker también conocido como Skote Vahshat, robó material de varias series de HBO y amenazó a la cadena con publicarlo si no le pagaba seis millones de dólares. No cedieron, y la información se esparció como la pólvora. Los fiscales estadounidenses acusaron a Mesri de fraude informático, fraude electrónico, extorsión y robo de identidad. Ahora aparece en la lista de los piratas cibernéticos más buscados del FBI. Quizá tenga el mismo final que Daenerys. O que Tyrion. Hasta la madrugada del lunes solo se puede especular, porque la maquinaria para mantener el secreto mejor guardado de la televisión ha dado resultado.

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