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La guerra de López Obrador contra el robo de gasolina paraliza México

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Una estación de PEMEX, sin reservas de gasolina.

México, uno de los mayores países petroleros del mundo, se ha sumido en el mayor desabasto de gasolina que ha sufrido el país.

El pasado 9 de enero, Santiago, de 6 años, y su hermano Roberto, de 13, al igual que muchos de sus compañeros, no fueron al colegio en México. Emiliano Rivera no logró arrancar la camioneta Chevrolet y hacer el reparto de pan en Coyoacán y Benito nunca llegó a la oficina bancaria en la que trabaja en la colonia de Santa Fe; incluso la policía de Neza, un barrio de CDMX con una población mayor que Madrid, se vio en la necesidad de arrinconar los coches patrullas y desempolvar viejas bicicletas para realizar la vigilancia en el barrio por falta de gasolina. 

La guerra que el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) emprendió desde su llegada hace 40 días a la presidencia contra la corrupción y el robo de gasolinas (Huachicol) ha logrado el mayor desabasto de combustibles que se recuerde en México. 

Las filas para cargar combustible en las gasolineras en Tlalpan, Coyoacán, Interlomas, Cuauthemoc o en el centro histórico de Ciudad de México era algo impensable hasta ayer en un país petrolero como este, si no fuera por el reciente recuerdo de la situación que se vive en Venezuela, el segundo país con las mayores reservas de petróleo del planeta.

La cruzada de López Obrador contra el robo de gasolina.

 

“Resistan ante las colas y no carguen si tienen gasolina en el depósito. El suministro se normalizará”, pidió el presidente a los ciudadanos ante la situación de colapso que se está produciendo en la ciudad y en gran parte de la república.

Todo comenzó una mañana de enero en una de esa alocuciones que el AMLO realiza diariamente, a eso de las siete, en las que, de forma habitual, lanza acusaciones sin posibilidad de respuesta.  

“Se estaban robando mil cisternas diarias de gasolina. 60 mil millones de pesos al año (2.500 millones de euros). Nos hacían creer que era por la ordeña de ductos, los huachicoleros. Toda una cortina de humo, toda una farsa, porque en realidad este robo se permitía desde el gobierno… ahí se manejaba todo el sistema de conducción de combustibles”. Los presidentes Fox, Calderón y Peña Nieto sabían del robo de combustible.

A partir de ese día, se cerraron las válvulas en los conductos con el propósito de detectar fugas clandestinas provocando el desabasto actual y quizás con ello, la rotura de uno de los ductos, el de Tuxpan-Azcapotzalco que suministra gasolinas a Ciudad de México, pero ni el presidente ni su gobierno hablan del coste que el desabasto está provocando en el país.

Según afirma el presidente, única voz autorizada en estas denuncias, las fugas en los conductos están en vías de solución y el suministro quedará normalizado en los próximos días. “Lo que no podíamos hacer es abrir las válvulas y seguir consintiendo el robo”.

Dice AMLO que estos robos se han reducido desde que su gobierno abordó el problema en PEMEX (Petróleos de México). Las cifras presentadas aseguran que el pasado 7 de enero se perdieron exclusivamente el equivalente a 27 cisternas en lugar de las 1.000 que supuestamente se perdían diariamente, la cifra más baja desde la expropiación petrolera de 1938 emprendida por el presidente Lázaro Cárdenas; uno de los referentes ideológicos del presidente López Obrador. Pero, como dicen desde la oposición, la medida de cerrar válvulas y cortar el suministro a todo el país para detectar ese supuesto robo de combustible es como matar moscas a cañonazos.

“La población –dijo este jueves el presidente– nos puede ayudar actuado con prudencia, con serenidad, sin caer en pánico, sin hacer caso a información alarmista, tendenciosa de quienes de manera directa o indirecta están a favor de este régimen corrupto que está ya a punto de acabarse. Pido a los ciudadanos que actúen con tranquilidad y serenidad”.

Pero, ¿cómo pedir serenidad a una población de 120 millones de habitantes que ha de creer en lo que le cuenten y que por necesidad se desentiende de las guerras políticas de un presidente que se niega a perseguir a los supuestos consentidores del robo; los presidentes Fox, Calderon y Peña Nieto? ¿Qué serenidad se puede seguir exigiendo a una ciudadanía que ha de moverse en una ciudad donde el transporte público es inexistente, escaso y peligroso porque, desde que se recuerde, los jefes de gobierno de turno de esta ciudad también se desentendieron?

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